TRIATLÓN DE BÉTERA POR EQUIPOS

Ya tenía ganas de poder escribir esta crónica.

Sábado 4 de julio a las 16h tendría lugar el que sería mi primer triatlón por equipos, Triatlón de Bétera.

Un triatlón que en ningún momento me planteé hasta que Inés insistió en que lo hiciéramos.

Como posible teníamos también el Triatlón de Castellón que era el día 5, pero era o una cosa o la otra, ambas era demasiado. (aunque no creáis que no llegué a pensar en hacer Bétera y al día siguiente el supersprint de Castellón…)

El entusiasmo de Inés porque hiciéramos el triatlón por equipos llevó a convencer a 5 y a que ella se cambiara el turno de trabajo.

El equipo quedó de la siguiente manera, Inés, Marta E, Natalia, Kati, Cris y yo.

Objetivo, acabar las 6 en la posición 9 femenina de liga de clubes (es que éramos 9 equipos apuntados, jajajaja)

Al igual que en el Duatlón de Albalat por equipos me sentía muy tranquila, mi nivel me permitiría sentirme cómoda en todos los sectores ya que siempre nos adaptaríamos al ritmo más lento y por suerte para mí me encontraba en un nivel intermedio-alto del equipo.

Ese día se anunciaba como uno de los días más calurosos del verano y no se equivocaron…

Cuando llegamos a Bétera ya estaba deseando tirarme en la balsa.

Entre pitos y flautas el tiempo pasó rápido y empecé a ponerme nerviosa porque quedaba media hora y aún no habíamos terminado de dejar las cosas en el box de bajo.

Resulta que este triatlón tiene dos boxes con una transición que si no me equivoco se llama distendida.

¿Qué significa?

En este caso la T1 (transición de nadar a bici) se hacía en un box que estaba montado arriba, donde se encontraba la balsa, y la T2 (de bici a correr) se hacía bajo, en el pueblo, donde tú llegabas, soltabas la bici en una barra común para todos y un voluntario después te la dejaba un “box”. Las zapatillas las cogerías en el box, (zona habilitada con las cajas de cada uno).

Era un poco raro, pero bueno. Lo importante era saber bien qué tenías que dejar en cada sitio.

Para acceder a la balsa se subía en bici, con los “trastos” de nadar (gorro y gafas) y bici (casco, gafas de sol, portadorsal, zapas con calas y calcetines si los usas).  

Sólo llegar a la balsa fueron más o menos unos 15´, eso nos hizo hacernos a la idea de lo que nos esperaba ya que era parte del recorrido de la bici y por ahí pasaríamos 2 veces. ¡menudo calor!

Colocamos las cosas en el box y cuando nos pusimos a hablar de cómo nos colocaríamos nadando, etc.. nos dimos cuenta de que faltaba Inés.

Había subido a ver la balsa, así que fuimos a buscarla para hablar las 6.

Nos la cruzamos en la rampa mientras ella se dirigía hacia el box y no llevaba muy buena cara.

Me fui con ella, me dijo que el recorrido hacía una diagonal y que ella no lo hacía.

La verdad, en ese momento no entendía cual era el problema de que hiciera una diagonal.

Subimos finalmente todas a la balsa, nuestro equipo abría el triatlón saliendo a las 16:04.

El suelo de entrada a la balsa muy resbaladizo, pero el agua estaba limpia, perfecta de temperatura… buff, una pasada.

Me puse a nadar para calentar un poco y me encontré en el fondo 50 céntimos, eso sólo podía ser señal de buena suerte, así que me guardé la moneda en la pierna del trimono.

Inés estaba nerviosa y Marta intentaba relajarla hasta que el resto vimos que la cosa era más sería de lo que parecía y tenía intención de no hacerlo.

Dijimos que tranquilamente nadaríamos, que iríamos a su lado, habíamos ido a hacerlo por ella y no podía retirarse antes de empezar.

Estaban a punto de dar la salida, las 6 colocadas para salir.

16:04 y puntuales dieron la salida.

No habíamos avanzado ni dos metros cuando Inés se desvió hacia la orilla y dijo seguid vosotras, yo me salgo.

Todas nos paramos, Natalia fue a hablar con ella.

Inés estaba sufriendo un ataque de pánico (ya sabíamos que le tenía miedo al agua, pero después de que hiciera el triatlón de Castellón no pensábamos que el agua sería problema y menos una balsa)

Pasaban los minutos y de ahí no nos movíamos, intentando tranquilizar a Inés para que continuara.

La gente desde la orilla empezó a animarla, se acercó la canoa e incluso le ofrecieron que una socorrista fuera nadando al lado para que se sintiera más segura.

Se metió la socorrista e Inés comenzó a nadar cerca de la canoa.

De vez en cuando se apoyaba, seguía muy angustiada y era incapaz de nadar.

Me recordó a cuando sufrí mi ataque de ansiedad en el mar en el triatlón de Benidorm en 2013 y me hacía a la idea de lo mal que lo estaba pasando.

Intentábamos animarla para que pusiera su mente en otro sitio, pero cuando estás en esa fase de pánico ya pueden decirte lo que sea que no entras en razón y el miedo se apodera de ti.

En la orilla vimos a Celia y a Marta, nos veían ahí en medio de la balsa, saludando y sin avanzar, y pensaron que no había empezado el triatlón.

Después de varios parones cogiéndose a la boya, etc… pasó lo que imaginábamos que iba a pasar…

Apareció la juez, a grito pelado echó a la socorrista de la balsa y después con la tarjeta roja en la mano nos advirtió, o se salía Inés porque estaba cogiéndose a la boya o descalificaban a todo el equipo.

Contra eso ya no pudimos hacer nada, así que Inés se salió y nosotras continuamos.

13´tardamos en hacer la primera de las dos vueltas del recorrido de natación.

Con una natación de 22´04″ salimos a por nuestras bicis.

Yo no me hubiera salido de la balsa, se estaba demasiado bien.

Tocaba torrarse al sol en la bici.

Avisaron que había alguna curva peligrosa, así que había que estar atenta.

Me puse yo delante pedaleando fuerte sin pensar cuánto de peligrosa sería la curva famosa.

Pronto la descubriría cuando vi caer a una chica del Politécnico que hizo el afilador con la bici de delante.

Pegué un frenazo y se me fue la rueda de atrás, ya me vi estampada en las balas de paja con ella, menudo susto el mío y el de Cris que venía detrás de mí.

Decidí ser más precavida en las siguientes curvas.

En el tramo de bajada y el llaneo el aire estaba en contra y con las ruedas de perfil que llevaba la bici me daba pequeños bandazos.    Mala elección de ruedas para este triatlón. (ya van dos de tres)

La primera vuelta fue bastante bien, pero Natalia se iba quedando atrás y decía que no podía más, que se retiraba.

Eso no entraba en los planes, así que si había que bajar el ritmo o ayudar lo haríamos, pero no íbamos a permitir que el equipo tuviera ninguna baja más.

Decidí entonces empujarla.  No es que me sobraran fuerzas, para nada, estaba cansada pero lo que fuera por no perderla.

Hasta en la subida que no se me da bien estuve empujándola lo cual me llevó a un agotamiento que no sé si se apreciaba desde fuera.

En momentos en los que ella recuperaba yo me quedaba detrás para coger aire y cuando me recomponía volvía para seguir empujando.

Los últimos kilómetros iba tan agotada que las perdí, no era capaz ni de ir rueda…

Por un momento pensé que llegarían al box sin mí.

Tuve que sacar fuerzas de donde no las había para alcanzarlas y entrar juntas.

Llegué a la carrera a pie tocadilla, con mucho calor.   El día anterior además había corrido por la tarde la XXIII Legua de Torrent y todo suma.

Natalia seguía fundida y se puso a caminar. Insistía en que siguiéramos nosotras, pero de eso nada, y menos después de lo de la bici, jajaja.

Ahí acabábamos las 6 aunque fuera andando.

Me quedé de nuevo con ella y decidí seguir empujando, buff como cansa.

Tengo que reconocer que sufrí muuuuuuuuucho, pero era tan GRATIFICANTE saber que estaba ayudándola y que eso haría que no abandonara que lo compensaba todo.

El camión de bomberos con la manguera fue después de la balsa lo mejor del triatlón.

Divertido divertidísimo meterse bajo la manguera y empaparme hasta ir chorreando y con las zapatillas haciendo chof chof.

Esos bañitos me dejaban como nueva y lista para seguir empujado.

De nuevo de vez en cuando me quedaba la última para coger aire y después recuperar, me estaba ganando una cena, ¿eh Natalia?

Dos vueltas que aunque muy sufridas se me pasaron rápidas.

Cuando quedaba un kilómetro para meta y Marta empezó a empujar conmigo a Natalia lo hicimos a un ritmo de 5:30, Natalia decía que se iba a caer hacia adelante como siguiéramos empujando. jajajjaa.

Me encantaron los niñ@s que nos daban el agua ,cómo nos animaban, el ir animando al resto de equipos, al mío, etc…

Lo pasé súper bien y llegaba el momento de acabar, cruzar la meta, volar todo lo que pudiera y sobre todo de descansar.

Gracias equipo, fue una experiencia de esas que jamás se olvidan, y no porque acabara agotada hasta no poder ni con mi alma.

Con muy buen sabor de boca y sintiendo que había sido lo más gratificante que había hecho en equipo hasta el día de hoy la felicidad de ese día aún me sigue durando 5 días después. :DDD

Me encanta hacer cosas en equipo, ¡¡¡sigamos por favor!!!

Enhorabuena a tod@s y gracias a la gente que venís a animarnos, nos encanta ver que estáis ahí.  😀

Muacka!!!!

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